¿Cuáles fueron tus últimas palabras? Si soy sincero no las recuerdo. Lo que si recuerdo es que en una de nuestras últimas conversaciones te llamé, estabas afuera de la casa, sentada con mi hermana y no recuerdo bien si con Clara. Le dije a mi hermana que te pusiera al teléfono y le respondiste que tú querías hablar era con Roque. Al final la llamada terminó pronto debido a que te urgía hablar con él. Creo que casi todas las personas tenemos ese fetiche o más bien ese deseo de tener una última conversación con las personas que amamos. Una conversación que nos marque, que nos quede en la memoria. Yo pienso y sin ánimos de generalizar que deseamos tener unas últimas palabras de nuestro ser querido que sea trascendental. Unas palabras que sean una “lección de vida”. Esa lección que se convierta en un punto de quiebre. Añoramos unas palabras que nos den el secreto de la vida, que nos enseñen a llegar a esa felicidad tan anhelada por muchos. En mi caso, yo no tuve la oportunidad de tener esas palabras. Aun así, al pensar por varios días mientras te cuidaba, llegué a la conclusión que yo no necesito esas últimas palabras. Creo que tu vida quedaría corta para ser resumida en una última conversación, más bien yo me apropio de tu vida entera como un legado. Y lo digo de esa manera porque en todos estos años tuve lecciones de vida a tu lado.
Tu legado, la huella que dejaste en mi se
encuentra en varios frentes. La primera lección: Tu amor y fe en Dios. Desde
que tengo uso de conciencia me instaste a que lo primero que hiciera al
despertarme fuera de entregarle a Dios mi día, de darle gracias por la vida y pedirle
que me protegiera y me guiará en mi cotidianidad. Recuerdo como me aconsejabas que
antes de tomar cualquier decisión se lo consultara al Espíritu Santo y que le
pidiera que me iluminara. Siempre motivaste a que cultivara mi relación con
Dios y me corregías cuando veías que estaba lejos de Él.
La segunda enseñanza y que es muy valiosa para
mi fue el amor. Aunque pienso que en ocasiones no tuviste un amor sano, me enseñaste
uno de los componentes más importantes del amor: el perdón. Vi con mis propios
ojos como luchaste por tener una familia unida. Te vi llorar innumerables
veces, sin poder a veces consolarte cuando sentías la desunión y la falta de
reconciliación en la familia. Escuche y te acompañe varias veces a orar por la
reconciliación. También vi como estuviste en un grupo de oración en la que se
trabajaba por el perdón. Admiro ese deseo insaciable tuyo por el perdón y
espero que esa lección me quede tatuada en el alma y que yo busque
incansablemente el amor y la reconciliación de todos los miembros de la familia.
La tercera enseñanza que me dejaste fue la
resiliencia. Como dije antes no fuiste perfecta, pero de eso se trata la
humanidad. Te vi por varios periodos destrozada y perdida emocionalmente. En
ocasiones te acompañe, no se si de la mejor manera. Recuerdo como si fuera ayer
cuando era niño y te dije en un momento de mucho dolor que la batalla estaba
perdida pero no la guerra. No se si mi apoyo emocional fue suficiente, pero no
tiene sentido en este momento decir que quisiera volver atrás para cambiarlo
porque viajar en el tiempo no es posible. En ese dolor tuyo te vi cometer varios
errores y tomar malas decisiones. Yo las entiendo porque fueron motivadas por
la frustración, el dolor y la tristeza que te produjo situaciones familiares y
profesionales. Lo que puedo decir es que en el momento en el que llegó una
situación, tu enfermedad, fuiste fuerte como un roble. En una situación en la
que muchos se derrumbarían tu mostraste de lo que estabas hecha. Yo te admiro
mucho, tenías un umbral de dolor envidiable. No te llegué a escuchar queja
alguna, asumiste tu enfermedad estoicamente, incluso como si no la tuvieras…
que grande era tu fe. Aun me pregunto ¿qué persona hubiera aguantado 5 años con
ese cáncer? o ¿cómo hubiera reaccionado yo si me tuviera ese diagnóstico?
Mirando atrás me queda solamente admiración. Es que no me queda claro como
pudiste aguantar el viaje a Europa, en el que parecías una persona lozana a
solo unos días de tu muerte. Me queda en la cabeza la duda de que era lo que sentías
mientras caminabas por esas calles europeas. Lo más bello de todo esto es que
te apropiaste de tu enfermedad como tu cruz, en fe. Convertiste una noticia que
para cualquiera sería una desgracia en una oportunidad para liberarte de
cargas. En medio de ese cáncer fuiste feliz, es más creo ciegamente que a pesar
de instantes, esos 5 años fueron lo años de mayor plenitud y felicidad en los
que te vi. A pesar del dolor que siento por tu partida, me queda la
satisfacción de que en estos últimos años hayas alcanzado la mayoría de tus
metas y sueños.
Por último, me queda ese desprendimiento y
entrega total tuya. Amar es darlo todo. Luego de ver tu velorio me quede
sorprendido de la cantidad de personas que te acompañaron. Eso dice mucho de lo
linda y amorosa que fuiste, de la cantidad de corazones que tocaste. Aunque por
qué me sorprendo si tenías un corazón lleno de amor, desprendido y dadivoso. Un
ejemplo de ello era que cuando rezamos juntos te tardabas varios minutos pidiéndole
a Dios por un sin número de personas. Otro ejemplo de tu desprendimiento fue al
momento de leer algunas de tus notas del pasado y ver como te dolía el prójimo,
como te importaba las personas más necesitadas y que ese amor te llevó a convertirte
en trabajadora social para poder luchar por mejorar las condiciones de muchos.
Tu amor fue muy grande, tanto que quedo corto en tu pequeño cuerpo y trascendió.
Otro evento que recuerdo fue el suceso en un tren mientras viajábamos por Suiza.
En ese tren me dijiste: “Te cumplí”, esas palabras me partieron en dos y
recuerdo como empecé a llorar y para no preocuparte te mentí diciendo que
lloraba por el estrés de no conseguir un empleo. Tu reacción fue la de una mamá
preocupada, me diste un par de consejos los cuales no escuché porque en
realidad lloraba al pensar que ese momento podría ser uno de los últimos que compartiríamos
juntos. Volviendo al “te cumplí” yo no puedo entender el porque sentías que me
debías algo. Siendo un tanto egoísta pienso que sentías la obligación de
mantenerte con vida mientras estuviera estudiando en el exterior. Lo digo
porque estoy seguro de que yo hubiera desistido en mis estudios si hubieras fallecido
antes de que terminará mi doctorado. Quiero decirte que tú no me debías nada,
antes soy yo el que te lo debo todo. Incluso puedo afirmar que ni mil vidas me
alcanzarían para retribuirte todo lo que me diste. Desde mi edad adulta, tuve
un pensamiento y un deseo de poder retribuirte un poco, de darte alegrías, de
tratar de ayudar a que consiguieras esos deseos materiales que tenías. Me
faltaron algunas cosas, hice mi mayor esfuerzo.
Quiero finalizar este escrito mamá dándote las gracias
por la vida, la crianza, enseñanzas, mimos y educación que me diste. Debo
confesar que me hubiera gustado tenerte por más tiempo porque siento que
hubiera aprendido mucho más de ti. Siento que te fuiste apresuradamente de mi vida,
tanto que justo es ahora en la que siento que llegué a una edad en donde
valoraba más nuestros momentos. Estoy justo en la edad en donde podía cumplir
la promesa de darte esos pequeños gustos. Te voy a extrañar con el alma. Voy a
extrañar tus bendiciones, discusiones, cariños, besos y abrazos. Espero poder
comprender que la muerte es solo un paso en la vida y que estas en compañía de
Dios y de nuestros seres queridos orando por nuestras vidas. Te amo con todas
mis fuerzas y a pesar de que en este momento sienta una soledad indescriptible
y que tengo miedo de que ese niño interno haya quedado huérfano y deba crecer,
me obligaré a recordarte con mis actos e interiorizar todas las enseñanzas que
me dejaste, viviendo mi vida en honor a tu legado.