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viernes, 2 de septiembre de 2022

Carta a mi madre

 ¿Cuáles fueron tus últimas palabras? Si soy sincero no las recuerdo. Lo que si recuerdo es que en una de nuestras últimas conversaciones te llamé, estabas afuera de la casa, sentada con mi hermana y no recuerdo bien si con Clara. Le dije a mi hermana que te pusiera al teléfono y le respondiste que tú querías hablar era con Roque. Al final la llamada terminó pronto debido a que te urgía hablar con él. Creo que casi todas las personas tenemos ese fetiche o más bien ese deseo de tener una última conversación con las personas que amamos. Una conversación que nos marque, que nos quede en la memoria. Yo pienso y sin ánimos de generalizar que deseamos tener unas últimas palabras de nuestro ser querido que sea trascendental. Unas palabras que sean una “lección de vida”. Esa lección que se convierta en un punto de quiebre. Añoramos unas palabras que nos den el secreto de la vida, que nos enseñen a llegar a esa felicidad tan anhelada por muchos. En mi caso, yo no tuve la oportunidad de tener esas palabras. Aun así, al pensar por varios días mientras te cuidaba, llegué a la conclusión que yo no necesito esas últimas palabras. Creo que tu vida quedaría corta para ser resumida en una última conversación, más bien yo me apropio de tu vida entera como un legado. Y lo digo de esa manera porque en todos estos años tuve lecciones de vida a tu lado.

 

Tu legado, la huella que dejaste en mi se encuentra en varios frentes. La primera lección: Tu amor y fe en Dios. Desde que tengo uso de conciencia me instaste a que lo primero que hiciera al despertarme fuera de entregarle a Dios mi día, de darle gracias por la vida y pedirle que me protegiera y me guiará en mi cotidianidad. Recuerdo como me aconsejabas que antes de tomar cualquier decisión se lo consultara al Espíritu Santo y que le pidiera que me iluminara. Siempre motivaste a que cultivara mi relación con Dios y me corregías cuando veías que estaba lejos de Él.

 

La segunda enseñanza y que es muy valiosa para mi fue el amor. Aunque pienso que en ocasiones no tuviste un amor sano, me enseñaste uno de los componentes más importantes del amor: el perdón. Vi con mis propios ojos como luchaste por tener una familia unida. Te vi llorar innumerables veces, sin poder a veces consolarte cuando sentías la desunión y la falta de reconciliación en la familia. Escuche y te acompañe varias veces a orar por la reconciliación. También vi como estuviste en un grupo de oración en la que se trabajaba por el perdón. Admiro ese deseo insaciable tuyo por el perdón y espero que esa lección me quede tatuada en el alma y que yo busque incansablemente el amor y la reconciliación de todos los miembros de la familia.

 

La tercera enseñanza que me dejaste fue la resiliencia. Como dije antes no fuiste perfecta, pero de eso se trata la humanidad. Te vi por varios periodos destrozada y perdida emocionalmente. En ocasiones te acompañe, no se si de la mejor manera. Recuerdo como si fuera ayer cuando era niño y te dije en un momento de mucho dolor que la batalla estaba perdida pero no la guerra. No se si mi apoyo emocional fue suficiente, pero no tiene sentido en este momento decir que quisiera volver atrás para cambiarlo porque viajar en el tiempo no es posible. En ese dolor tuyo te vi cometer varios errores y tomar malas decisiones. Yo las entiendo porque fueron motivadas por la frustración, el dolor y la tristeza que te produjo situaciones familiares y profesionales. Lo que puedo decir es que en el momento en el que llegó una situación, tu enfermedad, fuiste fuerte como un roble. En una situación en la que muchos se derrumbarían tu mostraste de lo que estabas hecha. Yo te admiro mucho, tenías un umbral de dolor envidiable. No te llegué a escuchar queja alguna, asumiste tu enfermedad estoicamente, incluso como si no la tuvieras… que grande era tu fe. Aun me pregunto ¿qué persona hubiera aguantado 5 años con ese cáncer? o ¿cómo hubiera reaccionado yo si me tuviera ese diagnóstico? Mirando atrás me queda solamente admiración. Es que no me queda claro como pudiste aguantar el viaje a Europa, en el que parecías una persona lozana a solo unos días de tu muerte. Me queda en la cabeza la duda de que era lo que sentías mientras caminabas por esas calles europeas. Lo más bello de todo esto es que te apropiaste de tu enfermedad como tu cruz, en fe. Convertiste una noticia que para cualquiera sería una desgracia en una oportunidad para liberarte de cargas. En medio de ese cáncer fuiste feliz, es más creo ciegamente que a pesar de instantes, esos 5 años fueron lo años de mayor plenitud y felicidad en los que te vi. A pesar del dolor que siento por tu partida, me queda la satisfacción de que en estos últimos años hayas alcanzado la mayoría de tus metas y sueños.

 

Por último, me queda ese desprendimiento y entrega total tuya. Amar es darlo todo. Luego de ver tu velorio me quede sorprendido de la cantidad de personas que te acompañaron. Eso dice mucho de lo linda y amorosa que fuiste, de la cantidad de corazones que tocaste. Aunque por qué me sorprendo si tenías un corazón lleno de amor, desprendido y dadivoso. Un ejemplo de ello era que cuando rezamos juntos te tardabas varios minutos pidiéndole a Dios por un sin número de personas. Otro ejemplo de tu desprendimiento fue al momento de leer algunas de tus notas del pasado y ver como te dolía el prójimo, como te importaba las personas más necesitadas y que ese amor te llevó a convertirte en trabajadora social para poder luchar por mejorar las condiciones de muchos. Tu amor fue muy grande, tanto que quedo corto en tu pequeño cuerpo y trascendió. Otro evento que recuerdo fue el suceso en un tren mientras viajábamos por Suiza. En ese tren me dijiste: “Te cumplí”, esas palabras me partieron en dos y recuerdo como empecé a llorar y para no preocuparte te mentí diciendo que lloraba por el estrés de no conseguir un empleo. Tu reacción fue la de una mamá preocupada, me diste un par de consejos los cuales no escuché porque en realidad lloraba al pensar que ese momento podría ser uno de los últimos que compartiríamos juntos. Volviendo al “te cumplí” yo no puedo entender el porque sentías que me debías algo. Siendo un tanto egoísta pienso que sentías la obligación de mantenerte con vida mientras estuviera estudiando en el exterior. Lo digo porque estoy seguro de que yo hubiera desistido en mis estudios si hubieras fallecido antes de que terminará mi doctorado. Quiero decirte que tú no me debías nada, antes soy yo el que te lo debo todo. Incluso puedo afirmar que ni mil vidas me alcanzarían para retribuirte todo lo que me diste. Desde mi edad adulta, tuve un pensamiento y un deseo de poder retribuirte un poco, de darte alegrías, de tratar de ayudar a que consiguieras esos deseos materiales que tenías. Me faltaron algunas cosas, hice mi mayor esfuerzo.

 

Quiero finalizar este escrito mamá dándote las gracias por la vida, la crianza, enseñanzas, mimos y educación que me diste. Debo confesar que me hubiera gustado tenerte por más tiempo porque siento que hubiera aprendido mucho más de ti. Siento que te fuiste apresuradamente de mi vida, tanto que justo es ahora en la que siento que llegué a una edad en donde valoraba más nuestros momentos. Estoy justo en la edad en donde podía cumplir la promesa de darte esos pequeños gustos. Te voy a extrañar con el alma. Voy a extrañar tus bendiciones, discusiones, cariños, besos y abrazos. Espero poder comprender que la muerte es solo un paso en la vida y que estas en compañía de Dios y de nuestros seres queridos orando por nuestras vidas. Te amo con todas mis fuerzas y a pesar de que en este momento sienta una soledad indescriptible y que tengo miedo de que ese niño interno haya quedado huérfano y deba crecer, me obligaré a recordarte con mis actos e interiorizar todas las enseñanzas que me dejaste, viviendo mi vida en honor a tu legado.