Era un hombre como muchos otros,lleno de sueños enterrados en el baúl de los deseos, con ansias de hacer algo que cambiará radicalmente su vida y que le diera sentido a ésta. Era un hombre joven con muchos años por delante, pero que en su interior todo se había marchitado, era joven en su exterior pero un octogenario en su núcleo. Este desgaste prematuro se había hecho de un día para otro sin avisar robándole el aliento, los ánimos, el buen humor y quizás hasta las ganas de vivir. Tal vez por ello vivía sin vivir, subsistía como un autómata, actuando por instinto,por rutina, respiraba porque era un reflejo natural del cuerpo, comía debido a que exageradamente flojo y hedonista para mantenerse en ayunas, era de tan mala suerte que no le daba una gripa. En otras palabras era un ente sin alma…
¿Qué le faltaba?
Tenía sueños enterrados por los que no luchaba, una zozobra de la cual no salía, le faltaba alas para volar, fe para creer, amor para amar, lo tenía todo pero al mismo tiempo le faltaba algo…por ello decidió saltar y volar…
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