En una de mis tantas noches de soledad
en la que es costumbre sentir la crueldad,
de pensamientos que me llevan al insomnio
vino a mi un rayo de luz luminiscente,
configurándose así mi única epifanía
en la que entendí en mi agonía
que fuiste en mi vida una serendipia.
Un arrebol efímero antes del oscuro olvido
una llama ardiente incandescente
que quise que fuera eterna e inmarcesible.
Oh musa de mis sueños, porque eres inaccesible
si alguna vez estuviste aquí a mi lado
en el que me llene de miedo
de quebrar tu etéreo cuerpo con mis brazos
debo confesar que desde ese instante
un amor inefable me invadió con efervescencia
antes de que el cruel y triste desenlace
me llevara a perderte para siempre y sin reparos.
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