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jueves, 3 de diciembre de 2015

VANIDAD


Eras una mujer sencilla tal vez como cualquier otra,

pero un día no quisiste aceptar aquella cosa.
Decidiste cambiar el color de tus ojos,
a verde esmeralda renunciando a tu mirada dulce como miel.
Un día pensaste en que broncearías tu piel 
y que llenarías de vida tu cabello pintándolo de diferentes matices
haber si así iluminarías tus tristes días.
Aprendiste a fingir una sonrisa de catálogo
así tu corazón se destrozara lentamente.
Pensaste que decorando tus uñas de modernos diseños,
ya no sufrirías de soledad en tus sueños.
Te pusiste tacones para verte más alta 
y como fin te pusiste en ser la más esbelta,
para adornar tu cuerpo de peligrosas curvas.
Luego de ese lúgubre y vacío proceso,
le regalaste una sonrisa de satisfacción al espejo,
olvidándote de pronto de lo que había por dentro.
Tal vez con toda esa mentira pudiste por fin
conseguir la atención que tu bajo autoestima requería.
Lograste lentamente engañarte a ti misma,
pensando que eras la que en el espejo veías
y así cometiste el más grande error de tu vida
que fue preferir ser deseada a ser querida.
Si tan solo hubieras recordado que lo que guardabas en tu interior,
era mucho más valioso que mil toneladas del más puro oro.
Tal vez hubieras llenado ese infinito vacío,
que te llevo a tu cruel destino.

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