Bueno, si escuchas los chistes o el sirirí de
la gente cuando habla de una abuela, escuchas comentarios del tipo… las abuelas
son alcahuetas, las abuelas son personas que se preocupan porque hayas comido,
las abuelas te hacen alguna costura, entre otras cosas. Yo puedo afirmar que llenas
todas esas condiciones, pero además tienes muchas más.
Que podría decir de mi abuela, de la abuela de
varios nietos, de la madre de un quinteto de hijos, la esposa de un abuelo que
fue un gran hombre también. Abuelita Lía, abuelita linda que puedo decir… soy
tu nieto mayor aún así soy consciente que no fui con el que más compartiste,
ese honor se lo puedo dar a María José y a Juan Felipe, eso si ellos no me
pueden quitar el honor de ser tu ahijado de bautizo. Si regreso hacía atrás
puedo recordar un par de cosas. Como olvidar cuando todavía tenían una vaca y
que ibas en la mañana a ordeñarla, como olvidar también que luego había que
irla a buscar ya casi cayendo la noche. También vienen a mí, recuerdos de como
molias el maíz para hacer las arepas… o ese chocolate que hacías por la mañana.
Recuerdo como con Juan Felipe nos sentábamos en la mesa de la cocina a esperar
el desayuno, Juan Felipe que no podía con el chocolate, pero le gustaba la
aguapanela y yo con una buena taza de chocolate. A veces incluso nos sentábamos
con el abuelo a desayunar. Mis recuerdos de cuando era niño de ti son de una
mujer supremamente trabajadora, una mujer incansable, fuerte pero ante todo muy
bondadosa. Algo que nunca me voy a olvidar era cuando estábamos con Luz o con
Fernando, incluso con Clara y nos iban a llevar para comer un helado o una
hamburguesa, a brinquitos o a cualquier lado y tú decías ahh van a bajar a “Medellín”
(como si vivieras en otra ciudad) vea cójase esta platica para que se compre
cositas… no se si siempre fue la misma denominación, no recuerdo bien pero en
mi mente siempre estará que era de dos mil (seguramente no era de dos mil). Dios,
siempre tan bondadosa, siempre sacándote la comida de la boca para dársela a
las demás. Fuiste una de las personas más desprendidas que he conocido en mi
vida. También me acuerdo que nos veías y nos decías llámese al estadero y diga
que Lia quiere que le manden unas papas o un chuzo o un chorizo y lo hacías
para darnos gusto a Juan Felipe y a mí. O como olvidar cuando a veces nos metíamos
en el cuarto del abuelo y nos poníamos a rezar el rosario.
Ahora seguimos con el orden de los recuerdos,
esos anteriores fueron cuando era niño… fuimos creciendo y ahora llegan los
recuerdos de adolescente. Yo no se qué super poder tenías, pero sinceramente
parecía que en vez de envejecer rejuvenecías. Obviamente no en todo, empezaron
a fallarte algunas cosas y ya te tocó parar de hacer algunas otras. Seguramente
eso no te gustaba y más porque siempre has exudar juventud. Creo que fuimos un caso perdido, te tocó
tristemente ver la primera embriaguez de Juan Felipe y mía… una historia que es
un poco vergonzante pero que no puedo quitar de nuestra historia. Tú junto a
yiya nos ayudaron, esa parte no me acuerdo porque el licor me dejó sin conciencia.
Lo que si recuerdo fue el día siguiente donde se preocuparon de nuestro estado
tanto de Juan Felipe como del mío. No me acuerdo bien solo que fue un día antes
de los 80 de Ela. A pesar de lo alcahueta fue ese día un día en el que nos
diste una lección. Tuviste compasión de nosotros, nos trataste con firmeza, pero
con justicia.
El tiempo con su caminado incansable fue
pasando y junto a ti yo también fui envejeciendo. Pasaron los años y empezaron
a ocurrir muchas cosas en poco tiempo. Yiya se murió, pero antes de que eso ocurriera
se reconciliaron por fin ustedes dos. Dejaron a un lado tanta hostilidad que de
alguna u otra manera desgastaba la vida en el paraíso donde vivías. Luego murió
el abuelo, luego de más de una década en la que lo vimos postrado en su mente.
Que gran fortaleza tuviste, me quito el sombrero. Por último, vendieron la casa
y con ello el único recuerdo que me quedaba de mi niñez fuiste tú. Me imagino
que de alguna u otra manera no fue fácil para ti dejar esa casa, tantos años
allá. Aun así, te acomodaste rápidamente a las nuevas circunstancias. Ahora ya
estoy hablando de mi adultez. Hablo ya de estos últimos años en los que
descubrí tu lado más divertido. Pude ver una abuela que le gustaba la cultura
mexicana y española. Una abuela que veía sus novelas y quería tomarse su buena
copa de aguardientico. Pocas personas he visto que saborean un buen guarito
como tú jajajaja. En estos últimos años y aunque la vida familiar siempre giró
en torno a ti, te volviste el alma de la fiesta. Recuerdo todas esas noches y tardes
llenas de risas, de buenos momentos. No solo eran risas, eran también momentos
de ternura. Claro que algunos vicios nunca se quitan y uno de tus vicios fue
tratar de vigilar que todo estuviera bien, de que no se entraran los ladrones o
quien sabe que… Recuerdo como si fuera anoche verte parada en el balcón mirando
toda la unidad, supongo que chismoseando o simplemente revisando que todo estuviera
bien. Obvio los años tampoco pasaron solos, algunas de tus cosas fueron tomadas
como molestia, porque no te gustaba quedarte quieta, eras hiperactiva y algunos
de nosotros queríamos estar tranquilos por un rato. Algunos dirán que estas fregando,
yo creo que lo que nos daba miedo es que te pasará algo con tanto movimiento ya
que te vimos en más de una ocasión sentarte en el aire.
Si pudiera quedarme con un solo recuerdo tuyo
creo que me quedaría con el de una mujer que luchó todo su vida, que tuvo
algunos sueños y que los cumplió. Me quedó con la idea de que fuiste una abuela
que se salía de muchos moldes con la que se podía jugar, reír, tomar, rezar…
quiero decirte para finalizar este escrito… gracias, gracias infinitas gracias,
no tengo como devolverte el favor, entonces solo podre decir Dios te lo ha de
pagar. Te amo, tu nieto mayor
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