El sufrimiento, el dolor es una realidad inevitable para la humanidad. Ha existido y probablemente existirá hasta que el último ser vivo muera. Nos acompaña desde el nacimiento hasta el día en que morimos. A pesar de todos los adelantos científicos no han podido extirparlo. Ellos han podido mejorar nuestra calidad de vida, nos han facilitado un poco la existencia, pero les ha sido imposible la total eliminación de ese “mal” del mundo. Es mas hay dolores y sufrimientos que ni la morfina o el mas potente fármaco psíquico pueden calmar. ¿Por qué?
El dolor en todas sus manifestaciones soledad, tristeza, limitaciones físicas, cansancio, debilidad, depresión… hacen parte inherente de la naturaleza humana. Son dificultades que hacen al ser humano trascender. La sociedad actual ha hecho de su principal enemigo el dolor, el sufrimiento. Estamos en una sociedad consumista, hedonista que tiene como principal función la satisfacción de necesidades, por lo cual su principal némesis es el dolor. LA sociedad ha lanzado una guerra total contra este, el mundo no tolera el dolor, inventa cosas que lo “alivian” y si no se puede hacer anda pues entonces lanza la estrategia de la total evasión. Para dar un ejemplo que ilustra esta situación esta la eutanasia, si no se pudo hacer nada entonces quitemos la vida, para que sufrir. Le huimos a todo lo que nos incomoda, tratamos de tapar el sol con un dedo, inventamos cosas que nos den más placer, inventamos para entretenernos, para no sentir nada. Es más puedo afirmar que muchos desearían vivir engañados, vivir una vida sin sentido e irreal, sintiendo placer, que vivir la realidad con sentido pero con dolor.
No sabemos sufrir ese es la cruda realidad, no somos los verracos que eran nuestros ancestros, que no conocieron un dolex, una anestesia, un medicamento antidepresivo. Cualquier incomodidad para nosotros es el fin del mundo, nos queremos morir y hay unos que si se mueren. Estamos abordando al dolor de un amanera muy inmadura, creyendo que es el mal más grande del mundo, pero no es así, tenemos que verlo desde otra óptica. El dolor en muchos casos es una alerta de que algo anda mal tanto físico, como emocional, sicológico. Debemos ponerle atención y ver qué es lo que esta fallando en nuestra integridad de seres humanos. Tenemos que encontrarle un significado más elevado que el de una simple dificultad. En muchos casos el sufrimiento nos prueba a ver de que estamos hechos. Nos obliga a entrar en nuestro interior, nos vuelve frágiles nos hace buscar en nuestro interior esas respuestas de eternidad, de Dios, de trascendencia que tanto buscamos. El dolor debe alimentar nuestras esperanzas en vez de nuestra desesperación, debe fortalecernos en vez de debilitarnos. Hay que encontrarle un significado o si no, no valdría la pena sufrir tanto.
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