Llegan las noches y me cogen procrastinando
sobre el sentido de mi existencia,
mi mente no para de acosarme
cuestionándome del modo en el que estoy viviendo
y es que no soy ni la sombra del hombre que fui.
La inocencia que me caracterizaba, ha desaparecido
el niño que antes era, debe apenarse
al ver lo que hoy en día hago.
Esa sonrisa que antes se asomaba
se ha escondido dándole paso a la seriedad,
pareciera que quisiera estar siempre en ebriedad
para evitar sentir tanto,
pero al contrario de lo que dice la lógica
el alcohol cataliza mis emociones
llevándome a un estado de continua miseria
en la que ni siquiera puedo llorar
como anhelo poder sentir las lagrimas
que refrescarán este corazón amargado.
Si me devuelvo hacía atrás, puedo ver
a un ser que estaba lleno de ilusiones
creyente ciego del amor y de las buenas intenciones,
un ser que quería cambiar el mundo
para ver que ahora me he vuelto un triste realista
en el que el amor se ha vuelto ciencia ficción,
la desconfianza es mi nueva regla
¿Qué sucedió? murió la bondad en 2 actos
En el primero mi niñez fue asesinada,
mientras que en el segundo el amor enterré
y solo quiero gritar una sola consigna
ya no soy ni la sombra del hombre que fui
y aunque hace rato huí
mi conciencia me alcanza en mi almohada
juzgándome, acusándome de traición
de engañar a mi alma
la que he tratado en estos años ahogar
y lo único que he podido lograr
es perderle es sentido a mi vivir.
Esta es una nota de auxilio
para el niño que alguna vez yo fui.
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