Son las 10:50 pm es una noche oscura, no hay estrellas en el cielo debido a que el cielo está nublado, esto hace que la noche sea un poco más tétrica y fría. Estoy muy lejos de mi casa, lejos de una bebida caliente, mi cabeza añora su inseparable compañera nocturna y deseo mi agradable cobija. Faltan solo 10 minutos para las 11, solo 10 minutos para que pase el último tren para mi casa. Ando en el centro de la ciudad, a esa hora, no parece una gran ciudad sino más bien un pueblo fantasma, me parece increíble rayando hasta en el absurdo como solo 2 o 3 horas antes era casi imposible caminar por donde estoy en este momento por la cantidad de personas y carros que ahora simplemente se han desvanecido.
A esta hora camino junto a un grupo de amigos, un grupo de soñadores, recorremos el centro en busca de aquellos que por algunas horas de día han permanecido invisibles para la ciudadanía, invisibles porque no los vemos, o simplemente queremos no verlos, ignorar nuestra realidad. A esta hora están buscando sus esquinas, preparándose para descansar, los habitantes de calle ya nos conocen llevamos tiempo haciendo este recorrido, algunos al vernos nos sonríen, otros nos saludan efusivamente, otros amenan el ambiente cantando un poco de música urbana, con unas liricas que nos llevan a meternos en sus zapatos, otros tímidamente se nos acercan y nos saludan en voz baja, tan baja que parecen simples murmullos.
Entre todos estos amigos que han sido rechazados por la sociedad debido a las diversas adicciones que han cogido a lo largo de sus años en la calle, se van abriendo algunos corazones, brotan algunas lagrimas, mientras nos relatan un poco acerca de su vida. Es un poco paradójico porque lo único que podemos hacer es escucharlos y a veces ellos solo quieren a alguien con quien hablar con quien desahogar penas que llevan años consumiéndolos. Así empiezan diversas historias, relatan cómo llegaron a esta calle, donde duermen, que hacen para sobrevivir, en fin. Después de escuchar varias historias se empieza a formar una especie de patrón, muchos llegaron a situación de calle huyendo de algo, escondiéndosele a una situación dolorosa, un padre violento, unos hermanos egoístas y celosos, a una extrema pobreza, la muerte de un hijo, de la madre, el engaño de su pareja sentimental. En fin un sin número de causas que generaron dolor-rencor en ellos. Las drogas son distracciones para evitar todo esto, alejarse de pensar y sentir todos los recuerdos que siguen desgastándoles el alma. Definitivamente concuerdo con la madre Teresa “la mayor miseria es la falta de amor”. Toda una realidad, la falta de amor los ha llevado a estar escondidos de todo inclusive de ellos mismos. La falta de amor se nota por encima, se ve en su mirada triste, en su cara envejecida prematuramente por los trajines de la vida. Toda crisis de los sistemas sociales y económicos están basados en la crisis que vive el corazón del hombre, esa es la primera causa, por lo que si se quiere de verdad hacer un cambio radical en la crisis que enfrenta actualmente el mundo, se debe empezar por reconciliar el dolor y aprender a amar.
¿Cuántos rencores-dolores tendremos inconscientes?
¿Cuántos de nosotros le huimos a estos dolores?
¿Cuáles serán nuestras adicciones?
Oye la única solución es la transformación del corazón del hombre. Ahhh son las 11, los dejo que me dejo el tren.

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