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lunes, 17 de junio de 2024

Entre el Olvido y el Recuerdo: Un Homenaje a Nuestra Identidad Perdida (triste pero triste despedida v2)

 19 de Octubre de 1945 - 31 de Agosto de 2008

Escribo estas palabras motivado por el miedo a caer en el olvido, a pasar de la existencia a la no existencia, a nunca haber estado en un espacio-tiempo. Al reflexionar, podemos concluir que uno de los errores de la sociedad colombiana es olvidar lo que nos pasa. La generación actual no tiene ni idea de las batallas que hicieron de nuestro país una nación libre, de las guerras surgidas por la polaridad de dos partidos, de por qué existe la guerrilla, y de las causas de muchas situaciones actuales en Colombia. Una frase de mi padre siempre me ha marcado: "Nos pasa lo que nos pasa por ser criollos, una mezcla de varias culturas pero al mismo tiempo sin una identidad definida". Creo que tiene razón. No tenemos historia ni cultura propia, y la que hemos construido la botamos al olvido.

El olvido es el causante de grandes problemas actuales: permite que ocurran atrocidades, que salgan presos de la cárcel, que se repitan sucesos increíbles, que ocurran corrupciones en el Estado, y que se reelijan políticos que han hecho una mala labor. El olvido echa por la borda toda una vida de grandes logros, mata el recuerdo de personas y organizaciones que dejaron huella en este país. Olvidamos esto fácilmente en un país donde la muerte se puede comprar y llevar a domicilio con el sicariato, donde los que tienen poder político cierran organizaciones porque no les conviene. Todo esto se hace con el único propósito de silenciar a alguien que estaba tratando de salir adelante, porque en Colombia sufrimos de una extraña alergia al cambio, a la paz, a vivir en armonía.

Esta pequeña introducción es para hablar de uno de los momentos más difíciles para cualquier ser humano: afrontar un duelo. Cuando esto ocurre, un sentimiento de desmotivación, melancolía, tristeza, desesperanza y desasosiego invade el corazón. Aunque soy relativamente joven y solo he vivido una cuarta parte de lo que tú viviste, llegué a apreciarte profundamente. Quiero darte un reconocimiento, dejar testimonio de que exististe, que fuiste importante, y que este escrito quede como prueba de que en algún momento de la historia estuviste aquí y que no pasarás al olvido así nada más. Quizás me tachen de loco por escribir todo esto solo porque cerraron un restaurante, pero para mí, este negocio significó toda una vida de esfuerzo y sacrificio de mi abuelo. En un sentido más profundo, este escrito está más dedicado a la vida de mi abuelo que al restaurante El Reposo. Es triste no dejar vestigio de este lugar, ya que era un tesoro de recuerdos y tradiciones, de una época en la cual se empezó a declinar la cultura paisa, en la que el progreso cambió al arriero por el ejecutivo de cuello blanco, y el atuendo típico del paisa por el de un cachaco. Todo en nombre del "progreso".

Me parece patético y decepcionante ver cómo desaparecen las tradiciones, cómo nuestra sociedad actual no valora el patrimonio e historia que heredamos. Como vivo en Medellín, tomaré a su población como ejemplo, pero esto se puede generalizar a todo el país, ya que es un fenómeno producto de la globalización y de la “apertura económica” del país. La población de Medellín se ufana de pertenecer a “la raza” paisa, pero ¿somos realmente paisas? Muchos, no perdón, casi la mayoría diría un rotundo ¡sí!; duele contrariarlos, pero la cruda realidad es un frío ¡no! No somos en lo más mínimo parecidos a nuestros ancestros. La ideología actual de lo que es un paisa se basa en cómo nos vestimos. En eventos como la feria de las flores nos disfrazamos de paisas, creyendo que por vestirnos de carriel, machete, poncho y sombrero ya somos auténticos paisas, y estamos muy engañados. Nos hemos nublado los ojos y no queremos ver lo más importante. Como dice El Principito, “lo esencial es invisible a los ojos”. Ser paisa no es un disfraz, es un estilo de vida, una forma de pensar y actuar.

De esta “raza” nos quedó un vestigio de sus logros: la pujanza, templanza, fuerza de voluntad, perseverancia, buenos trabajadores y negociantes. Todo esto quedó consignado en la construcción de ciudades en los territorios más escarpados y remotos de la geografía colombiana. También nos quedó el “amor por lo propio”, que se ha transformado en un regionalismo absurdo y sin sentido, creyéndonos lo mejor del país y menospreciando a los demás, especialmente a los bogotanos. ¿Qué pasa? Querer lo propio es importante, pero el regionalismo exacerba la fragmentación del país, ya polarizado entre izquierda, derecha, grupos armados ilegales y el gobierno, creando resentimientos estúpidos que fomentan una “xenofobia” interna.

En tiempos de nuestros abuelos, los negocios se cerraban con un simple apretón de manos, porque la palabra tenía valor. Hoy en día, ni siquiera firmando un papel se puede garantizar que se respetarán los acuerdos. La tradición murió y no nos dimos cuenta, ni siquiera asistimos a su entierro. ¿Qué nos queda del "progreso"? Si miramos a los países europeos, vemos que valoran y conservan su arquitectura histórica, mientras que nosotros hemos vendido nuestra identidad a los gringos, construyendo edificios altos para parecernos a las grandes metrópolis. Hemos perdido nuestras tradiciones y nuestra arquitectura colonial en una ansia de parecernos a la cultura del norte. Nuestras comidas típicas han sido invadidas por otras, y muy pocas personas sabrían decir qué es una comida típica de su región.

Amigos, les dejo como reflexión la necesidad de buscar nuestra cultura, de reconocer que somos una mezcla de razas y que somos criollos. Reconozcamos nuestra multiculturalidad y tengamos sentido de pertenencia. No dejemos que nos roben lo que es nuestro. No seamos solo “paisas” en la feria de las flores, seamos auténticos paisas todos los días, honrando lo que nos dejaron nuestros ancestros. ¿En qué ciudad quieres vivir, en la tuya o en la que otros quieren que vivas?

Homenaje a Isabel (carta a una amiga que nunca conoci v2)

Este pequeño escrito fue motivado por las lágrimas de mi novia, quien me contó cómo una amiga suya fue asesinada por aquellos que no entienden las diferencias que tenemos por la naturaleza de ser totalmente distintos, por la particularidad de ser únicos, un don que se nos dio: la originalidad. Espero que esto los ponga a reflexionar y que no quede en el olvido esta heroína llamada Isabel.

¿Qué le pasa a nuestra sociedad actual?

¿Será que nadie se da cuenta de que estamos mal?

Vivimos en una burbuja de cristal, en una realidad paralela que nosotros mismos creamos para no aceptar lo que realmente ocurre a nuestro alrededor. ¿Por qué no vemos lo que sucede? Más bien, replanteemos la pregunta: ¿por qué no queremos ver lo que ocurre a nuestro alrededor y por qué cada uno, a su manera, es responsable?

¿Qué pasó con nosotros? Analizando las cosas, vemos que la sociedad actual está en total decadencia, cada vez pierde más la moral. Cada vez hay más personas con menos criterio y espíritu analítico, que aceptan sin cuestionar lo que la sociedad de consumo les brinda, que actúan con menos razón y más instinto de supervivencia en una sociedad construida para unos pocos que se ponen por encima de los demás.

Hace unos años, unos revolucionarios tuvieron una gran y hermosa visión de la sociedad: igualdad, fraternidad y libertad. Este ideal fue acogido por casi todas las naciones del mundo, pero en la práctica, no se aplica. Todo esto sucede por la naturaleza avariciosa e insaciable del hombre. Esta naturaleza en sí no es mala; el problema es cómo el ser humano intenta saciarla. Si lo hiciera con cosas trascendentales y profundas, sería realmente positivo. Pero, tal como está configurada nuestra sociedad, y como dijo Darwin, "los más fuertes sobreviven". Esto es lo que hace cada uno de nosotros, y con la influencia maquiavélica en la moral (el fin justifica los medios), el ser humano se ha convertido en insensible e indiferente.

¿Cómo es posible que nos hayamos acostumbrado a la maldad? Alguien preguntará, ¿cuál maldad? Y podrá haber respuestas como: "eso pasa en el Oriente Medio" o "en la selva" o "en las universidades gringas, donde locos esquizofrénicos matan a pobres estudiantes indefensos". Pero no, no y no. Error. No hay mayor ciego que el que no quiere ver. Veamos un simple ejemplo: los noticieros, en su mayoría, no hacen más que mostrar noticias negativas y sensacionalistas por cuestiones de publicidad, pero pocos muestran la realidad en la que viven millones de personas que mueren de hambre, la pobreza, la falta de igualdad. Todo esto es maldad por la falta de equidad en la repartición de los recursos. No es justo que alguien muera de hambre, mientras otros, por la obsesión de verse hermosos, se vuelven anoréxicos y bulímicos.

El hombre es un animal de costumbre, y nos hemos acostumbrado a lo que ocurre actualmente. La gran indiferencia con la que vivimos, creyendo que nuestros actos no tienen una consecuencia directa en nuestro entorno, es un grave error. Un ejemplo son todas las catástrofes naturales que han ocurrido en los últimos años (huracanes, sequías, inundaciones, entre otros), producto del problema de la contaminación. Somos tan estúpidos, tan irracionales, que nuestros actos se nos devuelven.

No podemos dejar que esto siga ocurriendo. Ahora, lo nuevo son las tribus urbanas, núcleos de pequeñas sociedades que suenan mucho en estos días, especialmente los emos. No me enfocaré en ellos, ya que hay suficientes comentarios y críticas hacia ellos, pero lo que quiero tocar es el odio irracional hacia ellos y cómo algunos son tan salvajes e intolerantes que son capaces hasta de MATAR. ¿Qué es esto, por Dios? ¿Por qué sucede esto? ¿No somos una sociedad moderna, llena de tolerancia, respeto y abierta a las nuevas ideas? Esto no puede seguir así.

Con esto, quiero rendir homenaje a Isabel, una joven asesinada por la falta de tolerancia y por la indiferencia que hacen de este mundo un infierno. Pero no todo es malo. El ser humano también tiene sentimientos hermosos como el amor, el perdón, la paz, la amistad y el respeto. El problema es la influencia de unos pocos que nos han hecho perder el rumbo.

No dejemos impune la muerte de Isabel. Que sea un momento ideal para reaccionar y despertar de este adormecimiento en el que nos encontramos. Actuemos ya, que no nos dé miedo el cambio. Está en juego nuestra vida y nuestra verdadera felicidad. Pongámonos tres compromisos:


Ser personas.

Amar al prójimo.

Hacer algo positivo por el planeta.

Automata humano (PONGANSELO USTEDES v2)

La filosofía es el arte de reflexionar sobre los principios fundamentales que rodean la existencia de todo ser humano. El conocimiento adquirido a través del ejercicio filosófico abre la mente y permite alcanzar estados superiores de conciencia, donde las realidades se comprenden más allá de lo que nos muestran nuestros sentidos. "Nuestro mundo es irreal, el mundo real es el de las ideas", decía el filósofo clásico Platón. Así, descubrimos que el camino de la humanidad nos permite incursionar, meditar y crear nuevas interpretaciones sobre los acontecimientos de la vida cotidiana.

Para alcanzar este objetivo, es necesario desprenderse del cuerpo y desprogramarse de todo lo que nos ha impuesto este mundo falso y material, que nos "obliga" a seguir conductas estereotípicas de la cultura. Este es el mayor problema que invade la sociedad actual: se mueve en masa, todos (aunque siempre hay excepciones) hacen lo mismo y, lo peor, es que lo ocultan diciendo que son distintos, que les gusta esta cosa u otra, que prefieren un tipo de música o una forma de vida. Pero, al analizar y reflexionar sobre esto, ¿no creen que existe la posibilidad de que haya al menos otra persona en el mundo que guste de lo mismo? Entonces, no somos tan distintos, somos producto de la sociedad.

Otra frase muy famosa en nuestro país es "los buenos somos más". Si fuera verdad, ¿creen que existiría tanta violencia, hambre, pobreza y calamidades? Pónganse a pensar: ¿acaso ser malo es solo coger un fusil y matar personas? La respuesta es no. Con solo ser indiferentes a esta realidad, con decir "eso solo pasa en la selva, aquí en la ciudad no pasa nada", estamos siendo parte del problema, ayudando a que continúe. Y, ¿acaso solo existe el tema de la violencia? También debemos responder no. Más de la mitad de la población de Colombia vive en la pobreza, y de esta, el 25% vive en pobreza absoluta, es decir, con menos de un dólar al día. ¿Cómo puede ser esto posible?

Este ensayo no tiene como objetivo destacar lo negativo, sino hacerlos reflexionar sobre nuestras vidas. Estamos viviendo en una rutina que nos ciega.

Haciendo una analogía con las computadoras, recibimos órdenes que solo nos permiten reaccionar de acuerdo a lo que nos han programado (por ejemplo, las formas de conquistar a alguien, que son estereotipos, o cómo debemos hablar para ser aceptados). Esto coarta nuestra libertad, nos quita nuestra originalidad, nuestra esencia, y nos convierte en uno más del montón, en uno más de la manada, que muy dentro de sí quiere salir y cambiar el mundo. Dejemos de ser máquinas, dejemos de ser guiados por la masa. Conozcámonos a nosotros mismos, seamos auténticos, cambiemos este mundo, dejemos de ser indiferentes. Tenemos toda una vida por delante y muchos esperan de nosotros. No esperemos que otros cambien; el cambio empieza por nosotros.

Entre selfies y sombras

Han pasado años desde que tinta y papel fueron mis aliados,
Confieso, no hay culpables, solo yo y mis desvaríos.
Dejé atrás la introspección, la reflexión silente,
Llené esos momentos con vanos entretenimientos presentes.


Quizás este trance, este olvido, tenga un propósito oculto,
Pensar en lo que nos sucede, en el entretenimiento, ese culto.
Como especie creamos tecnologías para sobrevivir,
Comida, refugio, protección, guerra, un legado por seguir.


Luego, buscamos bienestar, riqueza sin fin,
Problemas resueltos en papel, en realidad, un jardín sin jardín.
Maslow nos guía con su pirámide de necesidades humanas,
Satisfechos con lo básico, buscamos metas más lejanas.


Mas el hombre es insaciable, una verdad inherente,
Supplida una necesidad, otra surge, persistente.
Una cadena sin fin, en busca de lo sublime,
Entretenimiento y dependencia, biología que nos oprime.


Pausa, un ejercicio propongo en este andar,
Miren sus dispositivos, el tiempo que les hacen gastar.
Dividan sus horas, diario o semanal,
Más de un veinte por ciento, despiertos en este ritual.


El tiempo precioso en pantallas se va,
La vida pasa, entre videos y música, se nos escapa.
Esta vida finita, un suspiro en el viento,
Ochenta años, 29,200 días, un lamento.


Treinta años vividos, 18,000 días quedan,
¿Condenados a adormecernos? Pregunto sin tregua.
Platón tenía razón, en cavernas habitamos,
Sombras que creemos realidad, reflejos que amamos.


¿Por qué esperar a que la muerte nos toque la puerta,
Para lamentar el tiempo perdido, la vida incierta?
"¿Por qué no compartí más?", "¿Por qué no hice más?"
Lamentos tardíos, ecos en un mar.


Lo más triste es este grito, más a mí que a ustedes,
Olvidado será, con el paso de los meses.
Cambios deseados, desechados sin más,
Un ludópata quisiera ser, apostar todo a la paz.


Que este grito ahogado, en la oscuridad, tenga poder,
Transforme mi realidad, me haga renacer.
Salir de la caverna, ver el sol y sentir,
Vivir lo esencial, en esta vida por cumplir.

Entre Selfies y Sombras: Reflexiones del Entretenimiento

Ya han pasado varios años desde que use por última vez la tinta y el papel para expresarme y meditar. Debo ser sincero y no echarle la culpa a nadie ni a nada. Soy el único responsable de lo que hecho últimamente con mi vida. Dejé a un lado esos momentos de introspección y de reflexión y los fui llenando con entretenimiento vano. Ahora bien, tal vez pueda utilizar esto que me ha pasado para pensar sobre que nos sucede a la mayoría con respecto al entretenimiento. Como especie hemos desarrollado diferentes tecnologías, supongo que inicialmente estas fueron enfocadas en mejorar la supervivencia (comida, refugio, protección, guerra). Luego, estas tecnologías estuvieron enfocadas en incrementar el bienestar y la riqueza y por último dado que muchos de estos problemas están solucionados en el papel (no necesariamente en la realidad, ej. La pobreza y el hambre de una buena proporción de la población) nos hemos enfocado en desarrollar el entretenimiento. En este caso debo darle crédito a Maslow con su famosa pirámide de las necesidades humanas. La humanidad ya se dio por satisfecha de que ha solucionado sus necesidades básicas y ahora busca suplir otras mucho más elaboradas. Algo que tal vez Maslow no tuvo en cuenta es que el ser humano es de por si un ser insaciable y que en general cuando se suple una necesidad habrá una nueva que suplir. Tal vez las necesidades básicas estarán satisfechas, pero entonces habrá otras mucho más elaboradas, formando de esa manera una cadena sin fin. Volviendo al tema del entretenimiento, estas tecnologías se aprovechan de diferentes mecanismos biológicos y psicológicos que generan dependencia. Hagamos una pausa para hacer un ejercicio. Seguramente ustedes tendrán un dispositivo (en los tiempos de este escrito eran los “smartphones”) al que podrán mirar o preguntar cuántas horas lo usan al día o a la semana. Cuando tengan el dato, dividan este número por 16 (si el dato que obtuvieron era diario) o por 112 (si es semanal). Más de uno se sorprenderá, pero pensaría que en general obtendrán por lo menos un 0.2 (20%). Este número indica que mientras están ustedes despiertos pasan por lo menos un 20% en función a este dispositivo. Saben que es eso???? Estamos gastando nuestro preciado tiempo en un dispositivo. Estamos dejando que la vida pase entre nuestros ojos y para no darnos cuenta nos tiramos varios pases de videos o de canción o de una serie. 

La vida en este plano es finita y personalmente pienso que es lastimosamente muy corta. Si vivieran 80 años eso sería aproximadamente 29.200 días y si ya tienen 30 años eso se traduce a que solo les queda unos pocos 18.000 días. Será que como especie estamos condenados a estar adormilados? Creo que Platón tenía razón…vivimos en una caverna y no nos damos cuenta de que solo estamos viendo un reflejo de la realidad. Por qué esperar a que la muerte nos toque a la puerta para que digamos frases como "yo por qué no compartí mas tiempo con aquel o con aquella” o “me arrepiento de no haber hecho tal cosa o tal otra”. Saben… lo más triste de todo es que esto que me estoy escribiendo más a mi que a ustedes será probablemente olvidado. Los posibles cambios que quiero hacer con mi vida serán desechados al paso de los días… Como me gustaría ser un ludópata irresponsable para apostarlo todo a esa pequeña posibilidad de que de verdad este grito ahogado en la oscuridad tenga un efecto fuerte y transforme mi realidad, redireccionando el modo en el que estoy viviendo y me de las fuerzas para salir de la caverna para por fin ver el sol y así poder vivir lo esencial.